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Por qué es tan difícil desuscribirte de una web

Muchas veces nos damos de alta en una página web pero no solemos darnos de baja. Esto lleva consigo que podemos ser víctimas de una filtración de nuestra dirección de correo electrónico puesto que el medio de registrarnos en esa página es precisamente nuestra dirección de correo que puede posteriormente verse comprometida. Y es cuando empiezas a buscar la forma de desuscribirte o de darte de baja.

Relacionado con esto también hay que hablar de cuando nos suscribimos a una página web. En la suscripción se nos ofrece un servicio diferente al usuario normal y por el cual pagamos x al mes. Y al final lo que quieres es desuscribirte. Hay ofertas y los primeros meses prácticamente no nos daremos cuenta que estamos suscritos pero llega un momento en el que ves un cargo de más de 2 o 3 números en la cuenta del banco y es cuando rebobinas y te das cuenta que tu yo del pasado se había registrado en esa página web para obtener un servicio que solo usaste el primer día.

Términos de uso del servicio que nadie lee

Cuando nos damos de alta en un sitio no solemos leer los términos del servicio puesto que nunca tenemos tiempo. Perdemos el tiempo en cosas que nos hacen perder tiempo y luego cuando tenemos que hacer algo muy importante no tenemos tiempo porque lo malgastamos previamente. Sin embargo, es muy importante leerse la letra pequeña porque a lo mejor entendemos lo que puede ocurrir posteriormente. Y en esa letra pequeña viene en pequeño pero viene… que el precio cambia a los 3 meses.

Es muy fácil enfadarte cuando empiezan a cobrarte por un servicio cuando tu ya sabías desde el día 1 que ese servicio tenía aparejado un gasto. No te molestaste en comprobarlo posteriormente. Solemos poner alarmas para despertarnos, para acordarnos de sacar el pollo del horno, pero pocas veces ponemos alarmas a 2-3 meses vista.

El dificultoso proceso para desuscribirte

Y llega el momento en el cual decides darte de baja de esa suscripción. Muchas veces el proceso para desuscribirte puede ser que te agote y acabe con tu paciencia. Te suscribes a un servicio durante unas vacaciones porque te ofrecen un acceso completo a un periódico por ejemplo. Te ofrecen algunas chucherías analíticas (gráficos e información más en detalle) que normalmente no aparecen en el periódico y otras tonterías más para engancharte.

En el proceso de dar el salto a suscribirte en algún momento tienes que compartir tus datos bancarios, los cuales, tu yo del pasado lo hace pensando que se acordará de darse de baja posteriormente. El proceso de captación de estas páginas es sencillo. Quieres leer un artículo en concreto y la página web te niega el acceso. Piensas que si son solo 99 céntimos de euro al mes, podría leer todo lo que ese periódico te ofrece. Después del primer mes, aumentaría el precio pero tu ya habrías cancelado la suscripción, o eso piensas el primer día.

Buscando la forma de desuscribirte sin éxito

Naturalmente, y debido a la cantidad de cosas que nos rodean, es probable que te olvides que pagas un euro cada mes durante tres meses, y pasado ese tiempo te cargarán 90 euros en tu tarjeta de crédito. Será en ese momento cuando te das cuenta que deberías haberte dado de baja de ese servicio porque no lo utilizas.

Y suele ocurrir que como tenemos tal bombardeo de información nos olvidamos de esa suscripción hasta que vemos en mayúsculas un cargo en nuestra tarjeta de crédito enorme. Alarmado, inmediatamente vas a un buscador para buscar la forma de darte de baja de esa suscripción que apenas usas. Sin suerte, encontrar el enlace para cancelar la suscripción es como hacer el camino a Mordor. Es tal los sitios a los que tienes que ir que al final te distraes y te olvidas.

Pasa otro mes. Abres la aplicación bancaria y otra vez ves un cargo enorme en la tarjeta por el servicio al que te habías suscrito hace meses porque te mostraban unos grafiquitos y alguna información más. Esta vez, te esfuerzas por encontrar ese botón para cancelar la suscripción, que seguramente debe existir.

Procrastinación en estado puro

La procrastinación es el arte de dejar para después lo que puedes hacer ahora mismo pero no te da la gana. No quieres hacerlo porque lo vas a hacer después. Sin embargo, el problema es que no lo haces. Pero ahora ha llegado el momento en tomar el mando y en hacer lo que llevas meses intentando. Darte de baja en un servicio que usaste un día.

Ahora sí que buscas desaforadamente la forma de darte de baja de la suscripción que tu mismo, no el vecino, elegiste libremente suscribirte un fatídico día del pasado. Y es aquí cuando de pronto descubres que para darte de baja tienes que llamar a un número de atención al cliente. Llamas y un automatismo te dice “Gracias por llamar al centro de atención al cliente de x”. Después de hablar con dos personas diferentes, te ofrecen un descuento del 25 por ciento en el servicio (durante 24 semanas), una suscripción al periódico los sábados y, poco después, un descuento del 50 por ciento.

Llegados a este punto, tras meses de búsquedas y desencuentros, es cuando dices las palabras mágicas. “No, por favor denme de baja”. Y así es como acaba esta historia. Tu tarjeta de crédito ya no va a tener el cargo de esa suscripción. Pero es probable que ese mismo día te suscribas a otra y el proceso empieza de nuevo.

Qué hacer para desuscribirte

En la mayor parte de los casos puede ocurrir que la única forma sea llamando a un teléfono. Otra forma es buscar por internet lo que han hecho otras personas. Hay una máxima en internet que es que las desgracias nunca las vive uno solo. Si tienes algún problema en el ordenador es probable que miles de personas tengan ese mismo fallo. Y si tu te diste de alta y ahora quieres salir es probable que hayan muchas personas como tu.

A veces una solución es cambiar la ubicación. Pones que vives en una provincia diferente a la que te diste de alta en el servicio. Y sorprendentemente aparece un botón mágico que pone DESUSCRIBIRTE. En este caso no es necesario hacer ninguna llamada.

Resumen

Por tanto, debemos tener cuidado a la hora de darnos de alta en sitios mientras navegamos por internet. Solemos darnos de alta pero no nos damos de baja. Si nos damos de alta en una página web que acarree un coste tienes que aceptar ese cargo y utilizarla. No puede ser que pienses que es un producto que vas a emplear un día y que luego no.

Para darnos de alta suele ser necesario únicamente hacer clic en un sitio y tardas segundos. Pero para darte de baja tienes que hacer un máster en redes sociales, perder tiempo que no tienes en buscar la solución, hablar con varias personas que solo te informan pero no resuelven tu problema. Pero el mundo de hoy en día es así. Tu tiempo se esfuma en hacer desaparecer lo que tu mismo creaste hace unos días. Y lo creaste porque pensaste que era una buena idea. Pues va a resultar que no la fue y desuscribirte será la solución.

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