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La globalización de los sentimientos

La globalización es un término que genera debate porque hay investigadores que hablan de una globalización histórica y otros que se refieren a una más moderna. Es una de las formas que tenemos de relacionarnos con el medio ambiente en el que nos desenvolvemos.

Hagamos un ejercicio de memoria. Estamos en el año 2000. No hay redes sociales, internet apenas está surgiendo. Nuestra interacción diaria es con las personas que nos rodean. La inmensa mayoría no tiene teléfono y la forma de conseguir un empleo es buscando en el periódico o en algún anuncio que tienes la suerte de ver.

Estamos en el año 2000. Te despiertas por la mañana y desayunas con la tele puesta. Vas a trabajar, hablas con tus compañeros de lo que viste en la televisión el día anterior. Hay una serie de televisión de moda y habláis de ella. Alguien saca un tema diferente, en una revista del corazón ha salido que alguien se ha divorciado de otro alguien, los cuales a ti no te importan y menos a tus amigos, pero es un tema de conversación.

La llegada de la globalización

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Photo by Suzy Hazelwood on Pexels.com

La globalización es un proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los países del mundo, uniendo sus mercados a través de una serie de transformaciones sociales y políticas que les brindan un carácter global. Existen vasos comunicantes que unen países, culturas, economía, y produce un acercamiento entre personas pero un alejamiento de la privacidad.

Llevando este concepto a nosotros podríamos de alguna forma con la globalización social contactar con toda persona viva de este planeta. De hecho, cualquier persona únicamente utilizando internet puede contactar contigo si utilizas las redes sociales. Las redes sociales han reducido la brecha espacial que te separa de otra persona.

Los sentimientos

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Photo by ROMAN ODINTSOV on Pexels.com

Somos seres emocionales. Cuando una emoción se procesa en el cerebro y eres consciente de dicha emoción y del estado de ánimo que la produce, da lugar al sentimiento, por ello el origen de los sentimientos son las emociones que se producen en ti y valoradas racionalmente que determinarán nuestro estado de ánimo.

Muchas veces no necesitas más que un gesto, un emoticono, para sentirte bien. A veces es algo más complicado. De igual modo también te puedes sentir enfadado, molesto, si alguien te dice o hace algo. Somos una montaña diaria de sensaciones que van y vienen.

Antes esos momentos de cada día estaban restringidos a tu círculo de conocidos cercano. Tu familia era la que sabía tu estado de ánimo o tus compañeros de trabajo. Ahora el concepto es algo más amplio. No solo sabe tu familia que ayer comiste pulpo a la plancha, sino que al compartirlo, haces partícipes de eso a miles de personas, que pueden también interactuar con esa publicación.

Las redes sociales

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Photo by Cristian Dina on Pexels.com

Las redes sociales han cambiado el mundo. La idea de ‘seis grados de separación’ – que dos personas están separadas en promedio por no más de seis conexiones intermedias – fue propuesta por primera vez en 1929 en un cuento del autor húngaro Frigyes Karinthy, y popularizado por John Guare. Hay un trabajo sobre Facebook que demuestra que esa distancia se ha reducido utilizando esta red social a 4 grados de separación.

Ahora podemos contactar con cualquier persona que esté en un red social. No hay más que enviarle un mensaje o interactuar de alguna manera con ella. Hace unos años jamás sabrías de la existencia de esa persona y te importaría bien poco que le pudiera ocurrir. Esto provoca un alejamiento de nuestra privacidad. Antes teníamos un lugar para nosotros, un sitio reservado. Ahora compartimos incluso ese sitio reservado.

Globalización de nuestros sentimientos

Estamos a día de hoy. Te levantas por la mañana y ves las redes sociales. Entras en Facebook, Twitter, Instagram y quieres saber si alguien te ha escrito algo que te parece interesante. Vivimos en busca de un LIKE. Más que nunca necesitamos que el resto del mundo se fije en nosotros. Tenemos tal cantidad de cosas en nuestra cabeza que queremos que los demás sepan que existimos.

Antes si te casabas invitabas a tu familia. Enviabas un sobre con la invitación, lo hacías en un sitio bonito, hacías fotos etc. Hoy en día compartimos todos eses momentos con el mundo. Subimos fotos a facebook del día de la boda y es probable que esas fotos tengan más interacciones con gente que no conozcas que nunca antes.

Hoy en día hemos globalizado los sentimientos. Cuando nos sentimos bien nos gusta compartirlo no solo con nuestro alrededor cercano, sino con internet y cualquier puede leerlo. Es más, es como si necesitáramos la validación de los demás en forma de me gustas o interacciones.

A lo mejor a mi me gustaría reservar para mi algo de mi vida privada y que ese trozo solo sea mío y de las personas que yo elijo compartir y no hacerlo disponible para todo el mundo. De igual modo que hay gente que se va a ir a vivir al campo, también sería buena idea abandonar las redes sociales y empezar a vivir como vivíamos hace 20 años. Sería más aburrido nuestro día, pero al menos tendríamos la cabeza despejada más tiempo para hacer lo que nos satisface, y no lo que los demás nos solicitan.

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